jueves, 17 de septiembre de 2009

Voy a matar al jefe de estudios.

Esta frase ha acompañado el desayuno de muchos de nosotros, que con comentarios de “pero a donde vamos a llegar” entre sorbo y sorbo de café, hemos practicado o hemos sido testigos del deporte nacional, opinar superficialmente.Y digo esto, porque está claro que es un acto deleznable irrumpir en un centro escolar y hacer de la violencia bandera de razón. Pero parece que ahí queda la cosa, sin profundizar en que a pesar de la consecuencia inmediata que es la agresión a personas implicadas en el altercado ;lesiones varias, amenazas etc, existe otro daño que creo mucho más importante sin restar importancia por supuesto al acto en si, el ejemplo hacia las generaciones más jóvenes.

¿De que nos sorprendemos cuando aparecen casos como el de Marta del Castillo? Es fácil decir hay que encerrarlos de por vida, no merecen pisar la calle nunca más ¿y que les ha llevado a actuar así? Me parece que la probabilidad que existe de sufrir una patología biológica que lleve a realizar actos como el asesinato, no es tan grande como para que asistamos a una especie de oleada de violencia juvenil. No creo que Miguel Carcaño al nacer fuera una persona muy diferente de lo que era Marta del Castillo, al menos no tanto como para convertirlos en verdugo y víctima. ¿Qué ha pasado entonces?

Hablamos de patologías sociales como si habláramos de patologías biológicas y hay una gran diferencia. Los trastornos de la conductas en la mayoría de los casos son provocados por el entorno social. Un resfriado lo provoca un patógeno X , pero los patógenos que hacen que un joven salga a destrozar la ciudad, a dañar a otras personas somos nosotros, la sociedad que estamos creando. La individualidad es producto de la era postmoderna que vivimos, pero no parece que esa individualidad sea entendida como se debe. Potenciar en una persona su intelecto, su libertad, sus habilidades y destrezas no significa que deba hacerse a cualquier precio cuando ese precio signifique arrollar a los que nos rodean. Se hace necesaria la educación de la sociedad para que lleguemos a buen puerto. Hay una frase que conozco de hace tiempo “ Para educar a un niño, hace falta la tribu entera”. Todos somos copartícipes de “criar” a las nuevas generaciones, de enseñarles el camino de la autorrealización personal, y por tanto nuestros actos son referencia inmediata para ellos. La libertad es fundamental en nuestra sociedad, pero también las normas se hacen necesarias. El respeto parece un término acuñado en un tiempo dictatorial del que huimos como alma que lleva el diablo y no debería ser así. Una sociedad armónica depende fundamentalmente del respeto por los demás y para lograrlo, hay que cambiar por completo la mentalidad que tenemos del “todo vale para conseguir lo que queremos”.

No se trata de volver a “la palmeta”, al “tirón de las patillas” o al “cara a la pared”. Los profesores son profesores, no guardianes de niños. Deben enseñar a nuestros hijos no solo los contenidos didácticos de las materias que dan según la edad, tienen que enseñarles a convivir. Y los padres no dejamos a nuestros hij@s 7 horas para irnos a trabajar tranquilos. Dejamos a nuestros hij@s en un lugar donde aprenderán, o al menos eso intenta hacer nuestro sistema educativo del que habría que hablar largo y tendido, y deben saber comportarse. No está bien ir de compras y mientras hablas a la dependienta tu hij@, está tirando la ropa de los perchines y la respuesta es “ que revoltoso” y listo. No pueden llegar a la escuela y actuar como si estuvieran en una película de acción. Las películas son eso, películas, los actos en la vida real tienen consecuencias que no terminan cuando salen los créditos finales, no hay créditos finales en la vida.

La socialización empieza en la familia, después en la escuela, pero primero en la familia. Los hijos son como nosotros hacemos que sean, sin que ello signifique que queramos que destrocen el mobiliario urbano una noche de botellón, o que apaleen a un mendigo como diversión. Pero eso ocurre por nuestra forma de educar y eso nos convierte en “patógenos”.

Volviendo de nuevo a la noticia, no puedo evitar sentirme como el virus Y, viendo como actúa el virus Z. Por suerte y a diferencia del patógeno del resfriado, yo puedo evitar hacer el daño.

1 comentario:

Beatles. dijo...

De acuerdo en que los trastornos de las conductas los provocan mayormente el entorno social.Pero ante esto la persona debe estar suficientemente capacitada para evadirse de un grupo del cual ve que está afectando negativamente a su propia manera de comportarse con dignidad hacia los demás y hacia él mismo.Esto se consigue con una buena educación familiar en todos los ámbitos y en segundo término escolar.Lo que ocurre es que la educación familiar hoy dia está casi perdida.El motivo creo que es practicamente laboral.En una familia normal,dejando al lado la crisis,normalmente trabajan marido y mujer.Cuando estos terminan de trabajar lo que practicamente quieren es dedicarse a ellos mismos y dejando a los hijos que sean educados por televisiones,videoconsolas e internet.A la vez nosotros nos dedicamos a re-educarnos con las nuevas tecnologías también,con lo que pensamos que no es tan necesario estar educando a los chavales estando nosotros con ellos,y que ellos se vayan formando a golpe de ratón como nosotros.
Al poco respeto que va quedando hoy dia le quedan las horas contadas.Creemos que por perderle el respeto a otra persona lo que estamos haciendo,en muchos casos,es darnos la satisfacción personal de una especie de liberación ficticia de los problemas,que en lugar de solucionarlos los vamos tapando.El problema de esto es que los demás ven esa perdida de respeto y la van copiando,la mayoría no igual sino en mayor medida aún,con la consecuencia final que nadie respetará a nadie.
Hoy dia creo que casi nadie quiere libertad todos estamos dispuestos a cambiarla por libertinaje y eso se lo estamos enseñando a nuestros hijos.La libertad que hoy tenemos,y es una gran libertad comparada con otras épocas,no nos gusta porque implica que tengamos que aceptar unas mínimas normas para seguir adelante,pero siempre que nos imponen unas normas,por muy cortas que estas sean,las queremos violar y saltarnoslas.Esto está haciendo que la libertad se vaya convirtiendo en un peligroso libertinaje y una perdida del antes mencionado respeto.;)